Domingo 05 Sep

«España tiene una responsabilidad histórica, política y moral con el pueblo saharaui»

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Amigos del Pueblo SaharauiHablar del pueblo saharaui implica pensar en los exiliados que viven en los campamentos de refugiados de Tinduf, pero también en los habitantes de los territorios ocupados por Marruecos y en quienes decidieron emigrar para huir de la tensión política y la imposibilidad de prosperar en un mundo que parecer estar aislado de todo

HOY el territorio del Sáhara Occidental se halla dividido por un muro de más de dos mil kilómetros, custodiado por 150.000 soldados marroquíes y rodeado de un campo de minas antipersona. Según Miguel Castro, vicepresidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, «tanto en los campamentos de refugiados de Tindouf como en los territorios ocupados hay una situación de desesperanza, de falta de confianza en la comunidad internacional, de frustración tras años de conflicto».

Y no es para menos. «La ONU ni siquiera se encarga de hacer cumplir sus propias resoluciones», se lamenta Miguel. «Sin ir más lejos, el pasado 28 de abril se celebró una reunión en el seno del Consejo de Seguridad sobre el conflicto en el Sáhara y lo único que se sacó en claro fue una resolución muy light, cuando lo necesario es que la ONU vigile y preserve el cumplimiento real de los derechos de los saharauis en los territorios ocupados». Ésa era la exigencia, pero Francia, entre otros países, mostró una vez más su apoyo a Marruecos al negar la necesidad de controlar la constante vulneración de los derechos de la población civil saharaui.

En definitiva, la ONU aplazó el tema una vez más, hasta abril de 2011, con lo que el conflicto del Sáhara no será tratado de nuevo hasta entonces en el Consejo de Seguridad. La situación, dice Miguel, «es desesperante, porque sólo sirve para prolongar el sufrimiento y sacrificio del pueblo saharaui».

Para los jóvenes que no han conocido la guerra y que han nacido en los campamentos de refugiados, la realidad es aún más dolorosa. «Muchos de ellos están entrando en una situación de nerviosismo. Sienten que el tiempo se agota, ven morir a sus padres y a sus abuelos y se plantean si tendrán la misma suerte, si su vida se verá igualmente reducida a los campamentos del desierto, sin poder retornar de ninguna manera», explica. Pero el problema, más allá de la vulneración permanente de los derechos humanos por parte de las autoridades marroquíes, radica en el silencio de la comunidad internacional. «En los campamentos de refugiados conocen a los españoles, saben de su solidaridad, pero no sucede así con los Gobiernos», asegura Miguel.

Y lo dice sin pelos en la lengua. «La política exterior española se ha centrado en no molestar demasiado a Marruecos, cediendo prebendas y colaborando incluso en la cuestión del Sáhara para que no se reclamen territorios como Ceuta, Melilla e incluso las Canarias, y para tener también acceso a los controles marítimos en lo que a pateras y tráfico de drogas se refiere». En su opinión, por tanto, «España ha estado tradicionalmente a favor de Marruecos y ha clavado una lanza tras otra en las espaldas del pueblo saharaui».

Por eso, «por la responsabilidad histórica, política y moral que España tiene con los refugiados», en palabras del propio Miguel Castro, la labor que desempeñan en la asociación es fundamental. Amigos del Pueblo Saharaui nació en el año 92, con las primeras visitas a los campamentos y las primeras caravanas de alimentos que allí se enviaban.

Dos años después se empezaron a traer niños saharauis de vacaciones en verano a casa de familias españolas y, en poco tiempo, el movimiento creció hasta convertirse en el mayor ejemplo solidario del país, con representaciones en todas las comunidades autónomas y en más de 1.600 municipios. «Queremos ayudar a preservar y mejorar cuestiones como la sanidad, la educación, el transporte y la gobernabilidad de los campamentos en el Sáhara occidental, a través de proyectos de cooperación internacional y de acción humanitaria, a los que se suman las denuncias y testimonios que nos sirven en cada comunicado, manifestación o carta que enviamos a las ONU y a los gobernantes de los países europeos», explica Miguel.

Con respecto al pueblo andaluz, el vicepresidente de la asociación de Amigos del Pueblo Saharaui asegura que está «muy sensibilizado con esta causa», pero que la cooperación del Gobierno, al margen de la acción humanitaria, «apenas se deja notar a nivel político». Además, en los territorios ocupados del Sáhara, a diferencia de los campamentos de refugiados, la situación es aún peor, porque la zona está tomada por el ejército marroquí y la ayuda exterior no llega o lo hace con mucha dificultad.

La solución, según Miguel Castro, está muy clara. «Necesitamos una política de Estado con respecto al Sáhara, como Portugal con Timor Oriental, y dejar de utilizar el conflicto con intereses partidistas, que es lo que se hace. Si nuestra posición fuese otra, este conflicto no hubiera dudado tanto».

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