Domingo 05 Sep

Españoles solidarios

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Fernando Fernández Sánchez
Presidente de la Asociación Esperanza de Nuestra Tierra

COMPROBAR que en Sevilla existen asociaciones en las que la población inmigrante trabaja codo a codo con la población autóctona es siempre una buena noticia. Y ése es el caso de Esperanza de Nuestra Tierra, una organización sociocultural para la promoción, desarrollo e integración de inmigrantes y solicitantes de asilo

Hace ya casi veinte años, Fernando Fernández Sánchez, profesor de adultos, recibió en su clase a varios alumnos chinos, con quienes se volcó especialmente en la superación de sus dificultades lingüísticas. Pero había ciertas cuestiones que escapaban a su control como educador, así que pensó que la forma más idónea de seguir mostrando su apoyo a la población inmigrante y superando barreras era la creación de una asociación, un pequeño pero sólido proyecto que terminó por consolidarse en el año ‘96 bajo el nombre de Esperanza de Nuestra Tierra. Hoy, la organización cuenta con veinte voluntarios y ha renunciado a las subvenciones de las administraciones. «Pensamos que debemos valernos por nosotros mismos, así que las personas que colaboran con nosotros lo hacen de manera totalmente altruista».

En su trayectoria, la asociación ha tenido una orientación importante en lo que al asesoramiento de los diferentes colectivos de inmigrantes se refiere, bien en relación a organizaciones ya constituidas o a otras que estaban en el camino de hacerlo. «Eso pasó con el colectivo chino», explica Fernández Sánchez. «Tuvimos un papel importante en la creación de asociaciones chinas a nivel andaluz, pero también hemos colaborado con nigerianos y brasileños evangélicos».

El creador de Esperanza de Nuestra Tierra reconoce que existen una serie de limitaciones que han de superarse (barreras lingüísticas, falta de capacitación laboral y rodaje de la propia cultura, fundamentalmente). «Para que las culturas extranjeras sean eficaces aquí, deben ir limándose y adaptándose a las nuevas realidades, sin caer en la homogeneización, respetando la diversidad, pero aceptando las reglas del juego, para que esas normas sean de todos y no sólo nuestras», explica. Y enfatiza que las personas inmigrantes tienen grandes cosas que aportar, «valores de los que deberíamos aprender, como el afán de superación y trabajo, la tolerancia, la cercanía, el respeto a la familia...».

De sobra es sabido que en el panorama internacional, la movilidad es una realidad del siglo XXI. «Nadie sabe dónde va a acabar su trabajo, su vida. No existen proyectos a largo plazo», asegura Fernández. Por eso, en la asociación están muy sensibilizados con el trabajo por la integración. «Fundamentalmente hemos trabajado en el ámbito educativo y de enseñanza del lenguaje, a través de proyectos de formación profesional en colaboración con la Junta de Andalucía», explica.

«Con la población china ha sido especialmente relevante la constitución de colegios para el aprendizaje de su idioma, que como cualquier lengua tiende a perderse si los pequeños chinos nacidos aquí no la practican o cultivan de alguna manera». Y no sólo eso. También han llevado a cabo programas de salud, asesoramiento y proyectos asistenciales en cárceles y hospitales. Según Fernando Fernández Sánchez, «en España hay una gran implicación con quienes pasan necesidad y, por lo general, los ciudadanos muestran su sensibilidad sin cuestionarse otros problemas».

La dificultad, a su juicio, es que «en muy poco tiempo la población inmigrante se ha multiplicado, y los españoles no estábamos preparados para eso». A nivel político, en el ámbito andaluz existen algunos proyectos interesantes, tal y como afirma Fernando. La Consejería de Educación y Ciencia, por ejemplo, tiene profesores en aulas de adaptación lingüística, pero son programas limitados, bien por falta de recursos o de voluntad política. «El colectivo que mejor conozco, que es el chino, viene con grandes proyectos de futuro, pero a veces no ven cumplidas sus expectativas, sus hijos son víctimas del fracaso escolar... Y la solución pasa por encontrar programas específicos en relación al problema de la lengua», asegura.

También, según el creador de la asociación, es fundamental atender a las personas que pueden levantar al propio colectivo, «a los alumnos que de alguna manera ejercen de líderes y median entre nuestra sociedad y la suya». En definitiva, Esperanza de Nuestra Tierra es, como afirma el propio Fernando, una «asociación artesanal y modesta», pero abierta a prestar su ayuda a todo el que lo necesite, en la medida de sus posibilidades. Contacto: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

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