Domingo 05 Sep

«La idealización del otro y la baja autoestima son habituales en estos tipos de relación»

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Malena Rubisten Poleeff
Psicóloga de la Fundación Ana Bella

CUANDO desde los medios de comunicación se alude a los casos de violencia en la pareja se termina sintetizando la problemática en golpes y muerte, sin dar cuenta que esa agresión explícita es el desenlace de un proceso angustioso donde la víctima es aislada de su círculo social, denigrada, manipulada y chantajeada psicológicamente. En esta entrevista, Malena Rubistein Poleeff, psicóloga de la Fundación Ana Bella, da algunas pautas para entender la suspicacia de la violencia.

—¿Por qué se llega a soportar por mucho tiempo una relación abusiva, violenta?
—Generalmente es difícil tomar conciencia de estar viviendo una relación abusiva y violenta. Las personas que padecen esta forma dolorosa y terrible de vivir en pareja no llegan a ser totalmente conscientes de estar pasando por ello, muchas veces porque en este tipo de relaciones lo primero que sucede es el aislamiento, por lo cual la mujer que sufre malos tratos no tiene casi ningún referente externo que le muestre otra realidad «más amorosa e igualitaria» lejos de los argumentos manipuladores de un maltratador. También sucede que en las relaciones de abuso se transita por distintos momentos cíclicos (con períodos de calma y pseudo luna de miel) que hacen que una mujer que padece malos tratos por parte de su pareja, se vea confundida y con la «fantasía del cambio posible».

—¿Existe una determinada personalidad que tenga más probabilidades de caer en una relación de este tipo?
—La violencia de género o violencia machista en el fondo es un tipo de relación donde el hombre tiene «el poder» y somete a la mujer para que obedezca a su voluntad (siempre a costa de que ésta sacrifique su propia opinión, sus propios deseos y sentimientos con un coste enorme de dolor y angustia). Se da una relación de sometimiento, miedo y mucha injusticia. Las mujeres más vulnerables para caer en este tipo de relaciones de desigualdad y maltrato son las que no poseen las herramientas necesarias para identificar y rechazar estas parejas. La idealización del otro, la baja autoestima y la propensión a conectar con vínculos de dependencia, son ingredientes habituales en estos tipos de relación.

—¿Por qué generalmente se asocian las relaciones violentas sólo con los estratos sociales más desfavorecidos de la población?
—Es un mito por desconocimiento de la realidad. La violencia de género no tiene estrato social determinado. Diariamente atendemos a mujeres que están sufriendo violencia y que pertenecen a todos los ámbitos de la sociedad (profesionales con una buena posición económica, cultural, etc.) y nuestra experiencia nos muestra que cualquier persona puede verse afectada por los malos tratos y la violencia machista, señalando también que las carencias emocionales, intelectuales y de recursos económicos pueden funcionar como un factor de riesgo añadido.

—¿Cuáles son las señales que nos podrían indicar que estamos iniciando una relación que no es sana?
—Todas las que afecten a nuestra libertad de pensamiento, sentimientos y acción en términos absolutos. Algunos ejemplos son: el aislamiento de nuestras amistades, familias, entornos y constantes críticas por parte del maltratador hacia nuestros seres queridos; las llamadas e interrogatorios «de control» a partir de los cuales las mujeres se sienten juzgadas permanentemente y con la obligación de dar cuenta de todos sus actos diarios, hasta el más insignificante; la toma de decisiones importantes para la pareja de forma unilateral, donde sólo es el hombre quien decide y ordena «qué es lo mejor» en cada momento; los celos compulsivos, permanente desconfianza, imposición de formas de vestir, distorsión de la realidad; el miedo por parte de la mujer a dejar la relación por temor a la reacción de la pareja. También vergüenza e inhibición para contar su vivencia a los demás.

—¿Existe realmente una cadena generacional de la violencia? ¿Qué se podría hacer para cortarla?
—Cada uno de nosotros y nosotras somos responsables de no continuar con la cadena de violencia y malos aprendizajes que lamentablemente incorporamos desde pequeños por formar parte de esta sociedad patriarcal y machista. Los niños que padecen la violencia de género en sus hogares están más cerca de repetir esos esquemas cuando sean adultos. Generalmente, las niñas (hijas de un padre maltratador) repiten ese modelo de mujer (madre) donde la sumisión y el padecimiento son diarios y los varones desarrollan un modelo machista y violento como ejemplo de la vida en pareja y de la resolución de conflictos.

Para cortar esa cadena, desde la Fundación Ana Bella empoderamos a las mujeres para superar la violencia de forma positiva y generar un cambio social hacia la igualdad. Esto lo hacemos desde distintas acciones como por ejemplo talleres de prevención y sensibilización con los adolescentes y jóvenes, charlas testimonios de mujeres que han podido salir de la violencia y tener una vida positiva ejemplificadora, apoyo emocional, viviendas de apoyo integral para las mujeres que salen de una situación de malos tratos, asesoramiento y defensa legal y todas las acciones necesarias para sembrar el cambio en toda nuestra sociedad. En definitiva, todos podemos plantearnos cambios personales para ayudar a combatir la violencia machista.

—¿Qué consejos da a quien esté iniciando una relación amorosa?
—El primer consejo es que tengan en cuenta que una relación amorosa siempre tiene que «sumar» y no «restar» posibilidades. Cuando preguntamos a la gente joven sobre cuáles son los ingredientes indispensables en una relación amorosa nos dicen: respeto, amor, alegría, comunicación. Nunca sometimiento y sufrimiento.

Recordar también que la palabra pareja significa igual o semejante y nada tiene que ver con la desigualdad y el abuso del poder de una persona sobre otra. El consejo principal es que si están en pareja y se sienten cada vez más anuladas en su «derecho» a opinar de forma diferente sin que eso signifique una pelea, cada vez más aisladas de sus seres queridos y cuestionadas en todas sus convicciones sospechen que pueden estar viviendo una relación de maltrato y acudan a pedir ayuda sin dudarlo.

—¿Cómo se puede ayudar a un amigo que está viviendo una relación violenta?
—Estando ahí para apoyarle con mucha paciencia. A veces es un proceso que puede durar años y por eso es muy importante que las amistades no desistan y continúen brindándole el apoyo, sin juzgar ni reprochar nada. Seguir contactando con él o ella (aunque niegue el maltrato y se encuentre cada vez más aislado) y transmitirle que cuando sea el momento ustedes como amigos y amigas estarán ahí para ayudarle, acompañarle y escucharle. Brindarle también la información de las entidades que trabajan ayudando a salir del maltrato y la violencia, ejemplo de estas son Fundación Ana Bella, Instituto de la Mujer, Centros de la Mujer, Servicios Sociales Comunitarios, etc. Y tener presente que todas y todos podemos y debemos tomar parte activa para acabar con la violencia de género en nuestra sociedad.

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